Mi armario está vacío desde que te has ido y con el alma en vilo, encuentro al corazón desconjuntado, descompasando sus latidos.
Me duele, me tiembla todo y me duele, que hasta las puntas de mis dedos chascan a gritos lo que les escuece. Y en este vacío resucito y grito que cese.
Me remido y me fustigo la boca, desgarrando esas dos palabras que pronuncié como una sola, dejando que sus fragmentos perdidos, resuenen entre las olas.
Respiro mejor ahora. Escribo de nuevo, pues ya son horas y con tu permiso te vuelvo a robar la vista mientras lees estas líneas asolas.


