Cuando cierro los ojos
así y miro hacia el infinito, resuelvo las dudas que tengo
pendientes de un hilo.
Pienso para existir y
hablo conmigo mismo, que sólo tú sabes que para mí esta vida es un
circo.
Una huella en el abismo
que marca la Tierra. Un plano desenfocado de sus miserias.
Mirar y no querer ver que
hay más allá del tiempo. No se, ni quiero saber si reservaste mi
asiento en el cielo, pues por ahora yo toco el suelo y me fundiré en
él...
A pesar de todo no somos
tan distintos, somos lo mismo: dos gotas de agua contenidas, dos
sacos de carne con algo de vida.
Lucho en una constante
para desvelar tus mentiras. De ahora en adelante bailaremos tangos
suicidas. Idearemos un contrato demencial para que dejen de sangrar
nuestras heridas.
Un combate espacial en
una habitación pequeña para ver cual de los dos firma la paz al
cruzar la línea de meta. Al llegar escríbeme que yo estaré
despierto, siempre en alerta hasta que vengas a este jardín que
colgué en una pecera.
Bajo el mar ya no habrá
guerra...
