viernes, 22 de septiembre de 2023

Oneiric

 Sueño con su voz y ella me viene a visitar. Me dice "qué tal?", que lo he dejado de intentar, que si me ha pasado algo de un tren que parece que no va a volver, que si no se me ve bien, que si tomamos un café.

Luego la veo al despertar, también sin pedirlo y sin avisar pero, entonces solo la veo pasar, ir de acá para allá pero, no hay paradas obligatorias, ni turno de palabra, ni mirada especial, ni la excusa de tomar un vaso de agua para acercarse un metro más.

Es como contemplar un lienzo, en silencio y ya está, y a veces en un vaivén me llega su perfume, sigue oliendo igual que ayer y una vez más mi instinto ruge.

A veces quiero apagar el televisor de la vida real, del momento del mirar como todo sigue su camino. Aunque me gusta verte bien y escucharte reír fuerte, lo hice desde un rincón cuando creías que no estaba.

De regreso a casa otra vez, que lejano queda todo, hasta que vuelvo a tocar el papel donde te confesaba una y otra vez que eras mi tesoro.

Era bonito verte aparecer en mi escalera, ocupar un hueco del sofá, compartir la hoguera, una ducha para los dos y corriendo a refugiarse a la habitación. Cuando ahora solo cae hielo helado. Soy consciente del resfriado, de no cuidarme suficiente, de haberme descuidado, de mi dolor y de dolerte.

Va acabando la función y vuelvo a cerrar los ojos, ahí viene otra vez la visión, tu pelo y tus sonrojos. De nuevo me dice "qué tal?" y pasamos la noche hablando. Una manera de tenerte sin que nos duela, de sin querer estar viajando, una vez más, contigo...