En un universo paralelo
te compraré el cielo. En este momento mi cuerpo es un incendio. Me
quemo por dentro y no puedo apagarme, pues las llamas nunca dejan de
arder, y cada día más escuece, cada día llega más humo a mí
cabeza y me nubla la destreza que tenia antes para no pensar. Se
agotan en mi cerebro las ideas, salgo a la calle y simplemente me
dejo llevar. Llueve a mi alrededor ceniza y la gente se apresura,
pero yo camino sin prisa, desprendo mi mejor aura en una falsa
sonrisa y viajo solo. Siento como la atmósfera se aparta a mi paso,
mi ego en ese momento se sube al máximo, una carretera exclusiva
para mis pasos, y unos pagos atrasados que me debes: unos besos y
unos cuantos de otros tantos vienen a mi mente. Silbo en silencio,
para mí mismo, aunque esta mañana no tengo los oídos demasiado
finos. En la melodía incluyo tu nombre en una nota, y una estrofa se
me pierde por estornudar. Con los ojillos entrecerrados intento
recuperar la vista, y entonces te veo, la antorcha humana va a dejar
de arder pero se va acabar quemando de tanto deseo. Trato de
alcanzarte corriendo, pero tu siempre volaste más alto, y fuiste un
espejismo y yo ya no te veo, no te encuentro. Me vuelvo a quedar solo
y por poco me pierdo. Vuelvo a casa cabizbajo, pensando en otras
cosas, como comprarme una moto, pero solo es un roto más en el
vacío. Intento disimularte, difuminarte, pensar en frío y echar hielo a este
maldito corazón quemado, que naufraga cual navío. Termina siendo todo en vano, cómo querer arrojar sal a un río de nieve derretida. Finalmente termino el día entre cuatro paredes, con risas enloquecidas obervando el parpadeo de una bombilla medio fundida... y ¿Decían que era aburrida la vida?
