miércoles, 27 de junio de 2012

Ciudadano a la deriva


Tan espeso y tan cargado, tan intenso y tan entre brumas, tan ciego en una noche sin luna, tan lunático en un final de película, tan peliculero amaneciendo en la niebla. Nebuloso especial, espacial cabeza hueca, inquietas neuronas moribundas que a la madurez esquivan e insultan. Maldito despojo cerebral, tan audaz y tan cobarde, escondido en un alarde de gallardía frustrado. Ahora huido de una justicia inepta, pasajero anónimo y fantasma que juega a al escondite con los espíritus de sus difuntos.
Seguir un camino mal hecho es torcerse antes de salir de casa, andar torcido, andar borracho, andar de lado, caer, gatear y volver a nacer al día siguiente en mitad de un dolor de cabeza y sin epidural.
Enfadoso generalizado, discutidor introspectivo, recitador de prospectos en el bando del pueblo, consumidor de medicamentos defectuosos, venido a menos. Mitad golfo, mitad perra, nunca un entero, nunca un diez, nunca un perfecto, siempre a mitades , incompleto complementado.
Portador de adjetivos prohibidos, con un objeto directo pero no un objetivo concreto. Siempre dando rodeos, amante del círculo y de salirse por los bordes pero, adverso a salir con ellos. Cafeínico abstemio, de calambres internos y temblorosos dedos inseguros aunque para ellas placenteros. Mirón y cuenta nueva, más dormido y más en sueños que en la realidad. Comatoso enfermo. Viviendo entre recuerdos e ilusiones se le pasa la vida. Maltratador del presente, aborrecedor del día día. Sin esperanzas, sin ilusión, sin futuro, pero con una identidad documentada...

Ciudadano a la deriva.

A la deriva | Ricardo S. Román // http://www.flickr.com/photos/ricardosanroman/with/6057310714/#photo_6057310714

PenLife


Obra de Juan Francisco Casas y su boli Bic
Fibra de cristal, de exagonal forma voluptuosa, deslizante sobre mi piel sudada, a gotitas resbala en tu lomo el esfuerzo de una mano cansada. Tu cuerpo siente el mío, y mi calor y el tuyo hacen uno, haciendo que tu sangre hierva convertida en tinta de algún color aleatorio y vistoso. Te gusta rozar con tu punta caliente el tacto del folio y deslizarte por éste dejándote llevar a mi antojo. De mano en mano pasas los días, ejerciendo tu trabajo hasta quedarte vacío. ¿Y luego?. Luego te tiran, usado y desnudo, pues la capucha y la dignidad las perdiste en el primer momento. Esto es el pan de cada día, a dónde iréis a parar los bolígrafos cuando se acaba vuestra vida.